CecimerRamón de León Pte. del Centro de Ex Conscriptos Combatientes de Islas Malvinas de Entre Ríos (Cecimer) analizó que el caso de Francisco Fherembacher, “fue un abandono de persona” y responsabilizaron de esa situación a las Fuerzas Armadas, “por sus políticas de desmalvinización, apenas finalizados los combates de 1982”. La comisión directiva de Cecimer cita que el caso del entrerriano, quien fue recientemente descubierto en La Criolla, departamento Concordia, viviendo en condiciones de abandono “revela hasta el extremo la política institucional de las Fuerzas Armadas hacia sus veteranos de guerra”.
“A casi 30 años de finalizado el conflicto armado por las Malvinas y demás islas del Atlántico Sur, resulta inadmisible que un ex integrante del cuerpo profesional de la Armada que participó en defensa de la soberanía nacional, se encuentre dependiendo exclusivamente de la protección familiar”, se cuestionó.

El documento que lleva la firma de Ramón De León y de Fernando Jaime, presidente y secretario del Centro, cuestiona duramente “la política de desmalvinización ejercidas por las Fuerzas Armadas apenas finalizados los combates de 1982, y su prolongación durante años por los gobierno democráticos, obligaron a la conformación de las organizaciones de los ex soldados combatientes, para revertir sus efectos de desamparo institucional, y reivindicar la causa en la que participamos”.

LEYES. Según recordaron De León y Jaime, por el accionar de los centros de ex combatientes están en vigencia legislaciones tanto previsionales, laborales, educativas, sanitarias y habitacionales para los ex combatientes.

“Las Fuerzas Armadas no sólo no acompañaron a los ex soldados combatientes en sus justas reivindicaciones, sino que muchas veces fueron verdaderos obstáculos para su obtención”, se criticó.

Asimismo, se recordó que “la estructura castrense generó todo tipo de confusiones, como quedó demostrado con los recientes reclamos de los ex soldados movilizados durante el conflicto, que se ampararon en espurios actos administrativos emanados principalmente de la Armada Argentina para reclamar al Estado nacional lo que no corresponde”.

En ese sentido, se indicó que una de las principales medidas más perjudiciales para la determinación de la identificación de los veteranos de guerra fue “una resolución del consejo de almirantes del año 1994, presidida en ese entonces por el almirante Carlos Marrón y bajo la

jefatura de la fuerza por el almirante Enrique Molina Pico. Con esa medida, la marina reconoció 12 años después del fin de las acciones militares contra Gran Bretaña, a una veintena de buques y sus tripulaciones como participantes en el conflicto, que no estaban en los listados originales de 1982”.

“De esta manera se calcula que unos 5.000 hombres que integraban las dotaciones de esos buques comenzaron a percibir los beneficios que las organizaciones de ex soldados conquistamos con una lucha sistemática, sin que se pueda determinar fehacientemente si participaron en la contienda bélica. Entre los beneficiados por ese controvertido acto administrativo se encuentra el propio Molina Pico”, se denunció.

En cuando al caso del veterano entrerriano, los ex combatientes recordaron que el destructor Comodoro Py fue uno de los buques reconocidos por la Armada Argentina en 1994. “El abandono de Fherembacher revela claramente que la institución naval no emitió ese reconocimiento con el objeto de proteger a sus hombres, sino para beneficiar a sus más encumbrados representantes y a modo de encubrimiento de la desteñida actuación de la flota de mar en la defensa de nuestras Islas Malvinas en la guerra contra la invasión británica”.

Ante esta situación, el Cecimer reiteró su pedido para que se “investiguen las irregularidades en el reconocimiento de buques de dudosa participación en el conflicto armado”.

Asimismo, se aclara que de la investigación deberían quedar librados de toda responsabilidad “a quienes fueron tuvieron el honor de enfrentar a la fuerza colonialista británica que aún usurpa nuestro archipiélago y mares en el Atlántico Sur”.

 

– por Paola Cantero   escrito en Diario 7 – Concordia