Reproducimos la entrevista completa realizada al VGM Omar Tabarez, por JORGE RUBÉN DÍAZ y MARIO ROVINA para El Miércoles Digital

Llegó instantes después del desembarco en Malvinas el 2 de abril de 1982: su misión, tocar su instrumento musical en diferentes circunstancias. En una extensa charla con El Miércoles Digital, contó lo que vivió antes, durante y después del conflicto armado: El soldado enemigo que le arrebató la trompeta tras la rendición, y 28 años después vino al país a devolvérsela; las consecuencias de la guerra, tanto para argentinos como británicos; las charlas con los chicos en las escuelas, a las que define como “caricias que te ayudan a desinfectar la herida”. Y el mensaje que se propuso dejarles: “Por el lado de la guerra no está la solución del mundo”.

Omar René Tabarez es un uruguayense radicado en Buenos Aires. Fue a la guerra como Cabo Primero de Música, cuando era aún muy joven: tenía 19 años. Pertenece a la clase 62, que junto a la 61 y 63, fueron enviadas al combate. Al volver de Malvinas siguió su carrera militar hasta el grado de Sargento Primero de Música, para retirarse y dedicarse a la docencia. Hoy es profesor de historia.

En la casa paterna del barrio ex Tiro Federal, donde vive su mamá Noir Thea, nos recibe amablemente para sostener una charla de casi dos horas. Su papá, Antonio Duplino Tabarez, falleció hace varios años.

Ya con el grabador encendido empieza a contar las impresiones de aquellos días, ilusiones, miedos, y una historia particular, la de su trompeta, instrumento que llevó al frente de batalla y se lo quitaron después de la rendición argentina en el momento que los embarcaban  para traerlos al país. Pero antes hay otra parte de su vida que vamos a descubrir paso a paso.

LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA URUGUAYENSE

“Lo mío con la música empezó desde muy chico, con los famosos boy scouts que existían en ‘Don Bosco’ con el padre Rolando, en la capilla cerca del barrio Zapata, detrás de la escuela Nº 36 ‘Esteban Echeverría’ -donde cursó sus estudios primarios-, empezamos con un clarín, un instrumento que no tiene los botones para sacar las notas” explicó .

Después de unos años en el secundario en el Colegio Justo José de Urquiza tuvo que abandonar, “en aquel momento si no se estudiaba había que trabajar, y siempre tuve en mi cabeza ayudar a mis viejos, y muchas oportunidades laborales no había entonces”.

Su gusto por la música nunca lo había abandonado en la adolescencia, pero las imposibilidades económicas de la familia no le permitían adquirir instrumentos propios, “mi viejo trabajaba en el frigorífico Swift, éramos de escasos recursos”.

Había visto la banda de música del batallón de Ingenieros con asiento en La Histórica, y vio la posibilidad de canalizar por ahí su vocación “quería entrar, y un amigo de apellido Barañao me llevó, él estaba en la Banda. Así empezó mi relación con el Ejército, como músico”.

Como aspirante ingresó a la entonces “Escuela de Suboficiales del Ejército Sargento Cabral”, que luego se fusionó con la “Escuela de Suboficiales para Apoyo de Combate General Lemos”.  A fines de 1980 egresó como Cabo Primero músico en el Ejército.

A CHUBUT Y A MALVINAS

Estaba destinado al Regimiento de Infantería 25 de la ciudad de Sarmiento, provincia de Chubut, unos 130 km al oeste de Comodoro Rivadavia al momento de iniciarse los preparativos del conflicto.

“En esos días pensábamos que íbamos  hacer un ejercicio, pero el 1º de abril nos dijeron que al otro día desembarcábamos en Malvinas. Una sección de nuestro Regimiento fue por mar, que salieron de Puerto Belgrano el 28 de marzo, que fue la operación ‘Virgen del Rosario’. Ellos desembarcaron a las primeras horas del 2 de abril, por las inclemencias del tiempo se atrasó un poco; nosotros lo hicimos atrás de ellos como apoyo por si había resistencia a los objetivos que se iban a tomar. Gracias a Dios no la hubo. Cuando íbamos en un avión Fokker que tenía el Ejército y tiene poca capacidad, pensábamos que iba a ver resistencia en la zona del aeropuerto. Los ingleses habían puesto máquinas viales y diferentes obstáculos para impedir el aterrizaje. Como les digo a todos: si había combate en ese momento, con mi trompeta ¿qué iba hacer? , a lo mejor romperle el tímpano a algún enemigo pero otra cosa no podía hacer. Después más adelante, ya en Malvinas tuve que pedir un fusil porque me destinaron a hacer otras cosas, por ejemplo estuve a cargo de un grupo para custodiar una playa”.

De todas maneras aclaró que nunca llegó a disparar en todo el conflicto.

LAS PRIMERAS HORAS Y LO QUE PASÓ EN MALVINAS

“Mi función era tocar una diana, un silencio, lo que hace un músico. La música es un lenguaje, cada toque significa algo. Cuando desembarcamos en  Malvinas, me pidieron que haga una ‘Diana de gloria’, un toque que significa una expresión de júbilo, de alegría. Cuando el gobernador  inglés en Malvinas (Rex Hunt) se rinde, recién nos mandan al pueblo, caminando, a unos diez kilómetros del aeropuerto. Nos instalamos cerca de la casa de Gobierno. Mi función era ir a la mañana a la casa de atrás del gobernador, en el patio, donde está el mástil, a colocar la bandera argentina y hacer el toque reglamentario que se llama ‘marcha regular’ para el izamiento, y al caer el sol para hacer la parte del arrío, después era el encargado de cuidarla, o sea la bandera dormía conmigo. Por la trompeta y la bandera eran las cosas que debía preocuparme”.

“Como estábamos fuera de la zona del pueblo no teníamos mucho contacto con los kelpers, por allá nos cruzábamos con unas chicas que iban en esos jeeps británicos, Land Rover, que abastecían de leche a la población, iban paradas atrás, pero estábamos lejos, en la zona de la pista. Igual el momento que estuvimos en el pueblo no nos dejaban tener contacto con los kelpers”.

Recordó con orgullo que en una Jura a la Bandera de parte de los soldados, como músico le tocó liderar el himno nacional a capela, “ver a tus compañeros cómo lo cantaban, en ese lugar y momento, con verdadero sentimiento… tenés que vivirlo para poder entenderlo…y éramos todos pibes de 18 y 19 años”. Y luego tira una frase que repitió en varios pasajes de la entrevista: “No estoy promocionando ni la guerra, ni estoy negando lo que fue (Leopoldo Fortunato) Galtieri y demás, pero no podemos mezclar eso con la admiración y la entrega de nuestros héroes, padres, hermanos, hijos y se quedaron allá con todos nosotros”.

“Cuando tenía que despedir a los compañeros caídos, a mí me buscaban de la zona del aeropuerto, donde estaba, en Jeep, hacía esa función y después se olvidaban del trompetista, me tenía que volver caminando diez kilómetros o más, así era todo, me agarraban los alertas de los aviones, me tiraba donde podía. En esa parte de Malvinas no había otro trompetista. Sé que hubo nueve trompetas en Malvinas, pero tal vez los pusieron a hacer otras misiones, como lo hicieron conmigo de ponerme de jefe de un grupo y tener que custodiar una playa”.

Con otro tono cuenta cuando tuvo que hacer el toque de silencio a cuatro caídos. Le avisaron cuando estaba en la zona de la casa del Gobernador: “Me dijeron ‘andá cortando camino, saltando los cercos esos, cruzá así que está el cementerio’, de esa forma te daban las instrucciones, y en una de esas estoy en el fondo del patio de una casa, uno me grita ‘¡cuidado, atrás tuyo hay un toro!’, me doy vuelta, era un bovino, pero no me puse a ver si era un toro o qué carajo me venía a topar, aceleré y salté los cercos, no sé cuántos metros hice  hasta llegar al cementerio. Es shockeante, de pasar por este peligro que fue este bovino, llego ahí y me encuentro con cuatro fosas con sus respectivos cadáveres, adentro de una bolsa blanca cada uno. Salían como hilitos de sangre de la bolsa blanca, no hacía mucho que los habían matado, ¿sabés lo que era la parte emocional dentro de mi cuerpo?, era una revolución”.

LA HORA DEL ATAQUE INGLÉS

“Nuestro Regimiento tuvo que volver al aeropuerto a cubrir distintos objetivos porque los ingleses ya habían zarpado para recuperar las islas. Como yo no tenía aún algún objetivo como cubrir un pozo zorro, ni custodiar una playa, con otros cuatro no tuvimos mejor idea que ir a instalarnos en un extremo de la pista, en un galpón que estaba ahí. Cuando llega el 1º de Mayo y el ataque inglés estábamos durmiendo, nos despierta una explosión, salimos y vemos al costado de la pista una humareda, donde había explotado una bomba, y ahí es donde empieza el infierno, los aviones y las antiaéreas a tirarles. Nos tiramos debajo de una máquina vial, y ahí temblábamos, escuchábamos los gritos y todo. Yo digo: eso es el infierno realmente. Salimos de ahí porque estábamos en el foco del conflicto, en la línea de fuego, porque los aviones querían inactivar la pista. De la desesperación salimos corriendo hacia más al oeste, a la Bahía Yorke, a mitad de camino me acuerdo que había dejado dentro del galpón la bandera de guerra, que tiene cada Compañía, y para el enemigo es el trofeo más grande que puede tener. Les digo a mis compañeros `sigan ustedes que voy a buscarla’, entro al galpón, me encomiendo a Dios, todo en milésimas de segundos, pasé del miedo al otro extremo…¡lo que es la guerra!. Cuando estoy llegando a la zona de los pozos zorros de la compañía de Infantería  25, estaba el jefe de Regimiento ahí y me dice ‘Tabarez haga toque a la carga’, ese Jefe es de acá, de Concepción del Uruguay, en ese entonces el teniente coronel (Mohamed Alí ) Seineldin; le pido unos instantes para recuperar el aire, porque venía corriendo, con una bandera, el fusil que ya tenía, era una piltrafa… y lo hago. Eso lo relató el corresponsal de guerra, Nicolás Kasanzew, en su primer libro, entre la página 21 y 23 (“Malvinas a sangre y fuego”). Ahí tomamos conciencia y dimensión de lo que es la guerra”.

Su regimiento tuvo doce muertos, “en la culata del fusil teníamos pegado una estampilla de la Virgen de Luján, de la que soy devoto. Puedo asegurar que nos tiraron hasta con piedras, por decirlo de una manera irónica”. Allí relató cuando fueron atacados por las fragatas que fueron contrarrestadas por los aviones Mirage argentinos, incluso existe un video al respecto: “Nos tiraban a cualquier hora esas fragatas, veíamos todo, era un día radiante, se tomaron su tiempo para ubicarse y bombardearnos,  mientras nosotros estábamos  detrás de las rocas escondidos, hasta que vimos los Mirages, que venían besando el mar con la panza y los atacaron, fue un alivio porque se fueron esos buques”.  La ofensiva de los aviones argentinos duró menos de cinco minutos porque no se podían autoabastecer.

Con los años supo que los británicos pensaban desembarcar por la zona del aeropuerto pero suponían que eran un grupo de elites de comandos. Nada más alejado de la realidad, incluso el mismo Tabarez confiesa que en la bahía donde lo destinaron como jefe de grupo estaba a cargo de doce soldados, pero que eran de su edad o incluso mayores: “El que me ayudaba era más maduro que yo, era carnicero, un tipo robusto, tenía una habilidad y un carácter, era más jefe él… porque el músico está sentado en un atril y te dedicás al arte, no éramos los grandes especialistas en el manejo del armamento, yo podía tirar con el fusil pero si me decían ‘armar y desarmar’ rápido y en velocidad como lo hacen ellos, era capaz de estar un día entero, no era lo específico mío… pero tuvimos que hacerlo, y como decía Ignacio Copani, atándolo con alambre y con lo que teníamos. Si desembarcaban por el aeropuerto los primeros en caer éramos nosotros porque estábamos en la primera línea, y eso sí que hubiese sido una masacre, una carnicería”.

POCA COMIDA Y POCA ROPA

“Pasamos hambre -reconoce- no teníamos las calorías suficientes. Encima había que cuidarse de que no te coman tu comida, es triste pero es así, podía ser el detonante de un conflicto entre nosotros. Una vez el que estaba conmigo fue con otros y mataron un caballo, él era carnicero, lo calentábamos y comíamos. Lo mismo que los mejillones cuando bajaba la marea, yo ni sabía que se comían; lo hervíamos en el cilindro donde se trae la comida. Cuando llegaban los aviones Hércules que traían provisiones, pedían soldados para ir a la pista a buscarlas, yo los autorizaba a que trajeran a las posiciones para poder comer. Hubo una mala distribución por una guerra de egos (entre las mismas fuerzas) y por ahí podían haber paliado un poco más el tema del hambre. En cuanto a la ropa teníamos una campera ‘Dube’, de origen francés, con pluma de ganso, pero igual no era suficiente. Una sola vez nos llevaron a una casa, a todo el Regimiento, para bañarnos; fue el único baño que nos pegamos, después no teníamos nada para cambiarnos, había que estar con lo puesto”.

Con respecto a las relaciones con los superiores dijo que eran esporádicas, lo que grafica la improvisación de los altos mandos sobre la planificación de la guerra: “A veces venía un jefe de sección y nos decían que no hiciéramos fuego porque podíamos ser detectado por las miras infrarrojas, más de eso no había”.

INFORMACIÓN CAMBIADA

Tabarez contó lo que fue el cerco informativo en las Islas, a tal punto que no se enteraron del hundimiento del crucero General Belgrano durante el conflicto. “Lamentablemente es así, si a nosotros no llegaban informaciones que íbamos mal….es como que jugaban con eso, psicológicamente bajoneaba a la misma tropa, hacían ese jueguito, ‘que íbamos ganando’ , y eso más nos esmeraba, nos enorgullecía. De mi mamá no recibí ninguna carta, sólo de una amiga que ya falleció. No te quepa la menor duda que las cartas no llegaban porque hasta te las leían, y según lo que decían pasaban o no. Uno allá estaba entregado, decidido a que pase lo que pase. Todo es un proceso, por ahí miraba el agua y decía, ‘como quisera ser Jesús e ir caminando por el agua’.  Estábamos como en una jaula, agua para todos lados. En una etapa de conflicto de la vida misma, saliendo de la adolescencia. Era todo un mambo que tenía por dentro”.

LA RENDICIÓN

Mientras pasaban los días y se aproximaba el 14 de junio, los ingleses seguían avanzando. “A la zona de la pista nos siguieron tirando, incluso cuando se iban acercando nos tiraban con artillería terrestre. Ahí nos dicen que nos preparemos para ir a dar apoyo a los compañeros que están adelantados porque los ingleses vienen batiendo zona. Con un compañero hablamos ‘bueno, le vamos a tirar hasta descargar todo lo que tenemos de municiones o los matamos o nos matan’, mirá lo que estaba pasando por nuestra cabeza; pero después llegó la orden de la rendición. Al otro día debíamos ir a un lugar determinado a entregar los fusiles”.

“Después de la rendición nos tuvieron un día o dos más. Nos trasladan hacia la zona del puerto. Nos traen en el trasatlántico ‘Northland’, nos ponen abajo, en la zona de bodega. Un soldado argentino hizo algo que molestó a un inglés y le apuntó con el arma. Al rato abrieron las compuertas y empiezan a tirar bolsas negras con residuos al mar. Calculo que era una acción psicológica para que nos calmáramos o nos tiraban. Después nos trajeron un salvavidas, dos huevos duros con unos sandwichitos de miga, capaz que era comida nuestra, y una frazada. Con eso estuvimos casi dos meses en el buque navegando. Nos decían que nos daban el salvavidas por si un avión argentino atacaba el buque, mirá vos la acción psicológica que nos hacían, semejante estructura de fierro, si nos atacaba un avión moríamos como pajaritos ahí adentro, no tenías escape, la cabeza estaba a cien. Hubo argentinos a los que les encontraban cosas que traían escondidas y les pegaban. Desconocíamos que parte del acuerdo de rendición incluía que podíamos pasar con nuestra bandera. Pero recuerdo que un zapatero, de apellido Mendoza, quiso pasar con algo y recibió una paliza bastante severa. Cuando querías hacer tus necesidades teníamos un tacho como de 200 litros, habían puesto un biombo y desde arriba del buque había soldados ingleses mirándote, no te sacaban la mirada de encima. Nos dejaron en Puerto Madryn, Chubut”.

LA TROMPETA: DE MALVINAS A ESCOCIA Y DE VUELTA A LA ARGENTINA

Tabarez cuenta que quien le arrebató su instrumento fue un soldado escocés, ya que la guerra fue con el Reino Unido es decir: Inglaterra, Escocia, Irlanda, Gales y Australia.

Ese mismo soldado llamado Tony Banks, que tras la guerra se convirtió en un empresario millonario dedicado a alquilar mansiones para las personas de la tercera edad –el equivalente a los geriátricos de aquí, pero con alto poder adquisitivo– y aunque cueste creerlo, invirtió dinero y tiempo en rastrear a Tabarez y devolverle su trompeta.

“Nos estaban haciendo el cacheo para subirnos al buque, y cuando llega mi momento un británico ve que debajo de mi brazo tengo un estuche negro. Le llama la atención. Se da vuelta, habla con su jefe y se ve que le da la aprobación para que me la quite. Cuando abre se encuentra que no es nada peligroso, no es un arma, es una trompeta. Fíjate lo que puede provocar un instrumento musical, lo que puede hacer la música, por eso es un fenómeno inexplicable”.

Años después, cuando ambos se encontraron, el británico le explicó que en ese momento tuvo una carga emocional, “lo que yo digo el fantasma del remordimiento. Él le dice al jefe que quería devolvérmelo y su jefe le dice que no, que los argentinos solamente teníamos que subir con la ropa puesta. Él se quedó con la trompeta y el estuche. Se fue a Escocia con su trofeo de guerra”.

Y siguió: “Una vez en Escocia lo deja en un museo y estuvo quince años esa trompeta ahí, hasta que le avisan que había fallecido el dueño del museo y que debía ir a retirarlo. Cuando lo hace se encuentra que faltaba la libretita con la escritura musical”. Allí estaban los datos personales de Omar. “Empiezan a buscar y la encuentran. Se lo llevó a su despacho. Todos los días cuando la veía se preguntaba, ‘¿estará vivo, estará muerto?’. Era paracaidista, me dijo que nunca había andado en barco como esa vez. Un enero estuvo en Malvinas, fue al cementerio a rendirles honores a los enemigos y a sus propios soldados. Iba a las tumbas argentinas y seguía preguntándose si yo estaba vivo. Le trabajó tanto la cabeza que decidió contratar al periodista irlandés, Jeff Farrell, y le dio una misión, ‘Buscar en Argentina al dueño de esta trompeta’ , pero no le dio el nombre del dueño, le dio el número de la trompeta. Me buscó tres meses, dos días antes de  las elecciones legislativas en Colombia que tenía que ir a cubrir, logra encontrarme, cuando estaba bastante resignado. ¿Cómo lo hizo? No sé quién le dijo que tenía que ir al Registro del Estado Mayor del Ejército que ahí están todos los veteranos de guerra, de ahí lo mandan al Departamento de Bandas y ahí me encontró. Cuando logra encontrarme llama urgente a Tony Banks, él mismo me lo contó que le dijo ‘dame el nombre y apellido’, y los datos coincidieron. Lo hizo así para que sea transparente, me busque y no le venda cualquier cosa”.

EL TEMOR DEL ENCUENTRO

“Arreglamos para hacer el encuentro con Banks en privado, en mi casa de Moreno. Yo tenía el temor de qué van a decir estos y aquellos, los veteranos, empiezan los prejuicios, ‘qué vas a recibir a un británico’, hasta que muchos me hicieron entender: ‘Mirá, es un tipo que se toma la molestia y se viene para acá y todo quiere decir que realmente es algo especial’. Quedamos en juntarnos el 14 de junio del 2010, llega a las 14.05 a mi casa, un día como en Londres, de neblina, llovía”.

Según Tabarez, el británico le dijo que no fue a propósito ese día, “aunque también podés tomarlo que lo eligió para devolverle a alguien lo que le corresponde”. También el escocés le confesó que venía con sus dudas. “A él le decían ‘vas a ir a devolver el instrumento al soldado argentino, te van a pegar, a maltratar, a arrestar’, y él con todo eso se vino igual, con su mochila, la trompeta, el periodista  Jeff Farrell, una traductora mexicana y un camarógrafo de la BBC de Londres. O sea que si es para perder el que más tenía era él”.

“Cuando llega a mi casa lo recibe mi señora, viene a mi encuentro, me abraza y dice ‘esto es tuyo hermano, ahora voy a poder morir en paz’, y me la da;  ‘Esperá, hay algo más’, mete la mano en el saco y saca la libretita. Él decía que también volvía a devolver la dignidad al soldado argentino, porque ellos tienen el mayor de los respetos por los soldados argentinos, por la entrega y la abnegación. Ellos pensaban que peleaban con tropas de élites, y yo digo que ahí está la diferencia, del que pelea con el espíritu de aquel que lo hace por una cuestión económica. Brindamos con agua, me dijo que es la primera vez que lo hace con agua porque ellos son de tomar cerveza, whisky, y a mí me salió hacerlo con agua. Le digo ‘qué mejor puede haber para la salud que el agua, poder brindar por la paz que necesita la sociedad para desarrollarse’. Miramos fotos de Malvinas, de cómo está hoy, el primer edificio donde estuvimos nosotros lo destruyeron, lo tiraron abajo. Y ahí nos comprometimos a luchar por la paz. No sé quien recibirá el legado de esta trompeta, pero seguirá sonando. Con este soldado tengo el contacto y todo, después vino otra vez, se fue hasta la Antártida y pasó por Buenos Aires, quería cenar con mi familia pero estábamos en Santiago del Estero en el cumpleaños de una sobrina de mi señora. Así que no pudimos vernos. Otra cosa, en diciembre de 2010, mandó un escritor escocés a mi casa, que le iba a escribir un libro con sus vivencias en Malvinas, tuvimos una charla, ya salió el libro que seguramente me traerá, creo que se iba a llamar ‘El día después de Malvinas’. Así como hay cosas lindas, como esto de la trompeta, hay cosas tristes que han pasado, tanto de un lado como del otro”.

CASUALIDADES O CAUSALIDADES

Contó que un mes antes, para un aniversario del desembarco, había ido a San Andrés de Giles, un lugar que es considerado la capital de la Malvinización, donde todos los 1º de abril se hace la vigilia por Malvinas y se espera al 2 de abril en ese lugar, “hicimos la vigilia, cantamos el himno, había un trompeta que tenía que hacer el minuto de silencio, ¿y podés creer que no sonó la trompeta?, no pudo sacar ninguna nota… insólito, un buen músico, pero no la pudo hacer sonar. Y le dije a una periodista ahí ‘qué lindo hubiese sido estar en el escenario con la trompeta de Malvinas rindiéndole homenaje a los caídos. Una utopía, ¿Qué sabía dónde estaba?, pero me salió de adentro. Eso fue en abril de 2010, en mayo apareció este llamado del periodista, “hay un soldado británico que le quiere devolver la trompeta”, ¡mirá vos!, casualidad, causalidad, que yo diga eso y en mayo tenga esa respuesta, porque el 2 de abril del 2011 yo estaba arriba de ese escenario tocando con esa trompeta de Malvinas. Y tengo varias más de ese tipo, una compañera docente en los 90 que me dio un cuadro que tenía tirado en un depósito porque no les gustaba, se los pedí y le digo ‘me va a traer suerte’. Lo colgué en el living de casa, y cuando lo observo con atención veo que es un payaso tocando la corneta. O un día yendo con la directora del colegio donde trabajo, caminando hasta Luján, para cumplir una promesa, íbamos por un camino de tierra que ni las vacas andaban, encuentro en el suelo una trompetita en miniatura de plástico. Y otra: cuando cobro con retroactivo mi primer sueldo como aspirante en el Ejército, tenía la posibilidad de comprarme mi primer instrumento, pero tiempo antes había fallecido mi abuelo y a mi viejo le llegó una notificación que debían pasarlo a nicho o iba a fosa común, él no tenía recursos entonces decidí hacerme cargo de ese pago, podría decir que en esto está la mano de mi abuelo: ‘Aquí tenés el instrumento que no te pudiste comprar’”.  Puede haber miles de interpretaciones, claro… Pero para uno que es creyente es creer o reventar”.

CONSECUENCIAS EN LOS DOS BANDOS

“Hay muchos veteranos que viven con problemas, con problemas cardíacos, cáncer, depresión y todos en una lucha constante de que no le quiten los derechos que tienen los veteranos de guerra, y los que están pidiendo. No nos enfocamos en un gobierno, pero a todos los que les toca gobernar, que no hagan eso, porque es volverlos a matar” implora, pero en esta parte de la charla, Tabarez cuenta que las consecuencias posteriores al conflicto no sólo las sufrieron los soldados que les tocó perder, sino también en el bando de los vencedores, donde sobre todo los que no eran ingleses, como los irlandeses y escoceses,  quedaron totalmente desprotegidos por el Estado, “típico de las colonias. Banks me cuenta una historia de un ex combatiente de ellos que se esposó al volante de su vehículo y se prendió fuego, y otro que se tiró del avión sin paracaídas. Ellos tienen muchos problemas psíquicos, emocionales. Los datos que dan los ingleses no son claros, tienen mucho más muertos, se habla cerca de mil, incluso algunos jefes militares ingleses empezaron a reconocerlo. Los mismos soldados de ellos por cuestiones de conciencia, dignidad, están sintiendo la necesidad de contar la verdad. Y acá nosotros también sufrimos las cuestiones políticas, lamentablemente. Cuando fuimos a luchar no nos fijamos si sos de esta bandera política o la otra, si sos católico, musulman. Si no estás bien parado te agarra una depresión, te destruye”.

Y después amplió: “¿Vos podés creer que no puedo ver violencia?, veo gente ensangrentada y se me baja la presión. Las cosas que te pasan por la cabeza, que has pensado varias veces en gatillarte, me ha pasado, lo he hablado con varios compañeros y les ha pasado. No es que te programás para que te llegue, hay momentos en que te llega, y te preguntás ¿qué me pasa si nadie me hizo nada, ni discutí con alguien?, pero te entra ese estado de depresión. Una médica profesional me dice que hay que tener cuidado que cuando  más pasa el tiempo más flashea el cerebro, por eso me da bronca cuando escucho: ‘Si, estamos trabajando con el veterano, estamos curando sus heridas’, ¡mentira!, si me decís que está curada una persona cuando la tenés empastillada. Porque bien sabemos que, entre otras cosas, esas pastillas te pueden volver impotente sexual y puede destruir la pareja, la familia, todo. Estás muerto en vida. De la guerra no se salva nadie, la guerra no discrimina y lastima a todos, aunque también pasa que se quiera negar al decir ‘estoy bien’, pero sabés que no lo estás. Eso también pasa. En una guerra se acaban los derechos, la libertad. Por eso cuando incitan a los jóvenes al fanatismo, a la violencia, es lo peor que puede pasar”.

LA VIDA SIGUE DESPUÉS DE LA GUERRA

Al regreso terminó la secundaria en el sur y cuando se fue a Buenos Aires, tras retirarse del Ejército, se recibió de profesor de historia. Ahora vive en Moreno, provincia de Buenos Aires, entre Luján y Merlo. Está casado, tiene dos hijos, uno de 25 y el otro de 21 años. Su señora es también docente.

Dijo que le gustaría volver a Malvinas, pero no lo hace por cuestiones económicas “tengo otras necesidades y prioridades”.  No está en ningún centro de ex combatientes “pero donde me llaman siempre estoy”.

Luego dio una serie de definiciones que dejan lugar a la reflexión:

“Es mentira que uno sale bien de una guerra, que maduras, ni (Sylvester) Stallone en la película sale bien –ironiza–, mirá lo que es una guerra. Hasta hoy día cuando toco el minuto de silencio es como que estoy tocando allá, me invade la emoción, es como esperás que la trompeta explote. Como que se escuche y llegue el mensaje que transmite la música, la otra vez mi sobrinita de cinco años me dice ‘Tío, la trompeta llora’ ¿qué mejor definición que esa?, y si, es un lamento, de tristeza, de perdida, y si es la metáfora, lográs transmitir la emoción, el dolor. Es un bronce, pero representa tanto, puede llegar más que un arma, que un fusil, a la gente, su significado”.

También no han faltado quienes le han hecho una oferta económica por ella, “no tiene un valor material, es impagable, tiene un valor histórico, no tiene precio. El día que falte, alguien la seguirá haciendo sonar, por ahí no mi hijo, puede ser el hijo de otro veterano. Una vez me impactó lo que me dijo un veterano: ‘El día que yo me muera quiero que vos me toques el minuto de silencio’, ¿sabés cómo me partió el alma?, para salir de la situación le digo ‘aja, vos pensás por vos, pero ¿qué pasa si yo me muero antes?, ¿por qué no empezás a practicar con la trompeta vos? ‘”.

Contó que no está haciendo nada en música “no, no me dan los tiempos. Cuando me encuentro con el Pato Viganoni me pongo a practicar un poco, porque el labio es un músculo que debés ejercitarlo. Cuando el británico me la trae, después de más de 20 años que no tocaba nada, poder hacerla sonar ese día fue increíble, él me lo pidió, me salió ‘el minuto de silencio’ en ese momento. Todo veterano de guerra me dice ‘cada vez suena mejor’. Esa es la finalidad, la de seguir manteniendo viva la memoria de nuestros veteranos, aportando nuestro granito de arena. Como valor histórico, como profesor de historia lo veo por ese lado, después de 28 años un alumno de una escuela de Argentina hace sonar la trompeta de Malvinas, y en nuestro país, tocando la canción ‘Aurora’, ver al padre de ese chico…no sabés, se le caían las lágrimas, todos emocionadísimos. Y también por primera vez intercambiamos con un corneta de Granaderos del General San Martín”.

Ante la consulta de estos periodistas respondió  que nunca interpretó un tema en algún acto en La Histórica, si bien fue convocado por el Ejército confesó sus desconfianzas, “mucho no me gustan las medallas, lo que más me llena, es más transparencia y honestidad es (con) la gente común, la que te abraza, saluda, agradece. Eso es lo más creíble para mí”.

HABLAR CON LOS CHICOS “ES UN DESAHOGO”

También coincidió en el análisis de sus pares de los diferentes centros de ex combatientes: Que hablar de Malvinas los ayuda y más si es frente a los chicos en las aulas de las escuelas.

Así fue una ocasión que le tocó vivir, no se quería ir más del lugar “que te vengan a felicitar, que te digan que se sienten orgullosos, que te hagan firmar autógrafos, que te dicen que te quieren mucho, te abracen, te den un beso. Nosotros vamos a dar un mensaje de no incitar a la guerra, todo lo contrario, decimos que es dañino, que la guerra es el infierno. Hablar de eso es un desahogo porque del otro lado recibís caricias, esas palabras son caricias que te ayudan a desinfectar la herida”.

Después se refirió a la necesidad de contar la verdad de la historia y no como la quiere vender los sectores interesados en tergirversarla: “Es como tenerlo a San Martín vivo y decirle ‘cuenteme si es cierto como dicen los historiadores’.  Hay historiadores que me han dicho que (en Malvinas) había bolsas negras, si yo tengo que decir de mi lado: no existen las bolsas negras, las que vi eran blancas, ¿es significativo?, si, lo es, porque ya están mintiendo, y si mienten con eso ¿qué podés creer de lo que viene más adelante? Que mejor y más objetivo que te digan las cosas como son, no que por una cuestión política, juega mucho eso, te vendan otra cosa. Nos dimos cuenta de eso: Si estamos vivos tenemos que contarlo, y eso les va a servir mucho, como le decimos a los chicos, ‘yo no sé si el día de mañana no vas a ser nuestro Presidente, cualquiera lo puede ser, ustedes son el futuro’, entonces dejarle al futuro ese mensaje: que por el lado de la guerra no está la solución del mundo”.

En ese afán de conservar la memoria de los héroes dijo que en el establecimiento escolar  donde trabaja su esposa, lograron imponerle el nombre de “Héctor Oscar Guanes”, quien fue un soldado que era del Regimiento 6 de Mercedes, que ahora trasladaron a La Pampa. “Era un chico que no tiene familia, no se encuentran rastros, ni del supuesto y único que era un hermano; su mamá falleció, era madre soltera. Es una forma de inmortalizarlo, lo van a recordar todos los días”.

EL RECONOCIMIENTO A TRAVÉS DEL PATO VIGANONI

El músico de San Justo (Departamento Uruguay), Danilo “El Pato” Viganoni compuso una canción titulada “La trompeta” que es un homenaje al instrumento de Tabarez, y que él mismo lo grabó y tocó en vivo en Concepción del Uruguay y Colón.

“Yo lo conocí al Pato a través de Jorge, mi hermano mayor, él le contó un poco mi historia y ahí se le ocurrió hacer este homenaje a los veteranos y caídos. Me mandó la letra por Facebook y me preguntó qué me parecía, y soy respetuoso de lo que escribe el compositor, es lo que siente, no tiene sentido que le diga qué debe poner. Pero la protagonista es la trompeta, ni siquiera soy yo. Es el símbolo de los símbolos de Malvinas: sonó para el izamiento de la bandera, sonaba con su minuto de silencio porque tuve que despedir el 3 de junio a cuatro compañeros sepultados en el cementerio de Puerto Argentino. Ustedes vieron lo que provoca el minuto de silencio con la trompeta, en los festivales  había gente lagrimeando, jóvenes emocionados.  Esto es darle una caricia al corazón a los veteranos y a los caídos una caricia al alma”.

La primera vez que lo interpretó fue en el auditorio municipal Carlos María Scelzi, después fue en el Itapé de Concepción, también en la Fiesta de la Playa y en dos ocasiones en Fiesta de la Artesanía en Colón.

QUIERE PASAR “SUS ÚLTIMOS DÍAS” EN LA HISTÓRICA

Si bien vive en Buenos Aires dice que le gustaría volver a Concepción del Uruguay, su ciudad natal, donde es hincha de Almagro y también simpatiza con Atlético Uruguay, pero “por ahora no puedo por razones de trabajo y de salud, me estoy tratando con los médicos allá, pero no pierdo las esperanzas de instalarme de nuevo acá, aunque sea en mis últimos días”.

Su familia está compuesta por su señora, que es docente y oriunda de Santiago del Estero pero “a los cinco años se fue a Buenos Aires. Mi hijo de 21 años estudió comedia musical en la academia de Julio Bocca y ahora terminó de filmar un cortometraje para la Universidad del Oeste; mi hijo mayor estudia el profesorado de educación física”.

A 36 años del desembarco en las Islas Malvinas, El Miércoles –fiel a su trayectoria en sus 18 años de periodismo- intentó reflejar una historia que merece ser contada, para que sigamos conociendo más de lo que pasó en esos días, lo que dejó como marca a fuego en los seres humanos que la vivieron y que pide sonar fuerte, tan fuerte como la trompeta de Omar Tabarez.

 

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