Con la realización de maniobras militares en las islas Malvinas, Gran Bretaña hace valer, durante otro año más, su condición neocolonial de potencia ocupante de un territorio en disputa. Las protestas del Gobierno argentino recuerdan y denuncian este hecho, que no por reiterado puede constituirse en fuente de derecho ni admitir la aceptación internacional.

Los ejercicios militares, que incluyeron el disparo de misiles desde las islas Malvinas, se inscriben en una secuencia de creciente atención estratégica por el inicio de explotaciones petrolíferas en el área y la inclusión de las islas en los tratados de la UE. La Argentina no ha obtenido ningún avance más allá del respaldo diplomático al reclamo.

No sólo se mantiene una situación anómala, desoyendo los reclamos argentinos y resoluciones internacionales sino que se ratifica una posición de enclave británico en aguas del Atlántico Sur pese al rechazo latinoamericano a dicha presencia. La protesta argentina ante la embajadora del Reino Unido y ante Naciones Unidas confirma la tirantez existente y la ausencia de canales de diálogo entre Londres y Buenos Aires.

Por lo demás, los comentarios de la Presidenta y el Canciller a través de la red social con sus teléfonos celulares, no ayudan a dotar de la seriedad debida al tratamiento de la cuestión en el terreno diplomático.

Prueba de ello es la reacción que encontraron en la prensa británica, favoreciendo percepciones estereotipadas y anacrónicas sobre los intereses argentinos.

Los ejercicios militares británicos en las Malvinas incentivan percepciones anacrónicas sobre el conflicto. Los comentarios oficiales informales no contribuyen al tratamiento del tema.

Fuente: www.clarin.com