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A las seis y media de la tarde del 27 de febrero de 1812, fue enarbolada por primera vez la bandera celeste y blanca, en presencia del vecindario enfervorizado.
Era un atardecer sereno y resplandeciente.
La población se agolpó en la explanada lindera a la batería "Libertad", que se construía sobre la barranca.
Llegado el momento -según relato de Mitre- Belgrano, acompañado de sus oficiales y autoridades de la Capilla, dio la orden memorable.
"A su frente se extendían las islas floridas del Paraná que limitaban el horizonte: a sus pies se deslizaban las corrientes del inmenso río, sobre cuya superficie se reflejaban las nubes blancas en fondo azul de un cielo de verano, y el sol que se inclinaba al ocaso iluminaba con sus rayos aquel paisaje lleno de grandiosa majestad."
En aquel momento la bandera celeste y blanca fue izada por primera vez por el vecino de Rosario Cosme Maciel, a quien Belgrano concediera tan grande honor.
Belgrano, que recorría la línea a caballo, mando a formar cuadro y levantando la espada, dirigió a sus tropas estas palabras:

"Soldados de la Patria! En este punto hemos tenido la gloria de vestir la escarapela nacional que ha designado nuestro Excmo. Gobierno: en aquel, la batería de la "Independencia", nuestras armas aumentaran las suyas; juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad. En fe de que así lo juráis, decid conmigo "Viva la Patria!"

Los soldados contestaron con un prolongado "Viva!" y Belgrano dirigiéndose a un oficial que estaba a la cabeza de un piquete, le dijo:

"Señor capitán y tropa destinada por la primera vez a la batería Independencia: id, posesionaos de ella, y cumplid el juramento que acabáis de hacer".

Las tropas ocuparon sus puestos de combate y se escucharon las salvas de artillería reglamentarias.